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Una sesión médium terapéutica no es lo que probablemente imaginas

Una sesión médium terapéutica no es lo que probablemente imaginas

La mayoría de personas que llegan a consultar sobre esto llevan meses —o años— cargando con un duelo que no termina de cerrarse. Y no vienen buscando magia. Vienen buscando algo que no han encontrado en ningún otro sitio: la sensación de que hay un punto final, o al menos, un punto de respiro.

La sesión médium terapéutica es una práctica que combina elementos de mediumnidad con acompañamiento emocional. No es una consulta de adivinos. No es entretenimiento. Y tampoco es una promesa de hablar con los muertos como en las películas. Es, sobre todo, un espacio donde el duelo puede moverse de otra manera.

Qué pasa realmente en una sesión así

Una sesión médium terapéutica tiene una estructura. No es improvisada. Empieza, como cualquier proceso terapéutico, con una conversación: quién eras tú con esa persona, cómo fue la pérdida, qué es lo que todavía duele más.

Después viene la parte que más cuesta explicar con palabras. El terapeuta médium trabaja como puente, conectando con la presencia o la información que rodea a la persona que ya no está. Lo que llega no siempre son mensajes literales. A veces es una imagen, una sensación, un detalle que solo tiene sentido para quien lo recibe.

Lo que sí es constante es esto: la persona que está en consulta sale con algo diferente a lo que trajo. No siempre es alivio inmediato. A veces es confusión que se asienta. A veces es llorar algo que llevaban retenido meses.

El duelo no se resuelve añadiendo certezas. Se resuelve cuando el interior deja de pelearse con lo que ocurrió.

Para quién tiene sentido planteárselo

No todo el mundo está en el momento adecuado para este tipo de sesión. Y eso es importante decirlo sin rodeos.

Tiene más sentido cuando:

  • El duelo lleva mucho tiempo estancado y la terapia convencional no ha conseguido moverlo.
  • Hay una despedida que no pudo hacerse, por la circunstancia de la muerte o por la distancia.
  • La persona siente que tiene cosas sin decir, cosas sin resolver, o simplemente necesita sentir que hubo algún tipo de continuidad.
  • Existe apertura a explorar esta posibilidad, aunque haya dudas. Las dudas no son un problema.

No tiene sentido si la persona está en una crisis aguda, si acaba de pasar la pérdida hace muy poco, o si lo que busca es una confirmación de algo concreto que le digan. Eso no es lo que ocurre aquí, y decirlo forma parte de ser honesto.

La parte terapéutica, que a veces se olvida mencionar

La palabra «médium» lleva todo el peso cuando se habla de este tipo de sesiones. Pero hay otra parte que es igual de relevante: el trabajo terapéutico que la acompaña.

Una buena sesión médium terapéutica no termina cuando termina el contacto. Hay una integración. Un espacio para poner palabras a lo que acaba de ocurrir, para entender qué significa para ti, para ti específicamente, en tu proceso.

¿Qué pasa si no llega nada? Esa es la pregunta que mucha gente tiene pero no se atreve a hacer. Pasa que el espacio en sí mismo, el hecho de sentarse con la intención de hacer ese contacto, ya mueve algo. No siempre de la manera esperada. Pero casi siempre mueve algo.

Y esa es la diferencia entre una sesión médium acompañada de terapia y una sesión médium a secas. El acompañamiento terapéutico convierte la experiencia en algo que puedes integrar, no solo en algo que viviste.

En TerapiaDirecta trabajamos con personas que están en distintos momentos del duelo. Algunos llevan semanas, otros llevan años. Algunos saben exactamente qué quieren explorar, otros vienen con mucha incertidumbre y eso también está bien.

Si sientes que esta podría ser una opción para ti, lo más concreto que puedes hacer ahora es reservar una primera consulta en terapiadirecta.cat. Sin compromiso de continuar. Solo para ver si encaja con lo que necesitas en este momento.

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La muerte consciente: cómo prepararse espiritualmente para el tránsito

La muerte consciente: cómo prepararse espiritualmente para el tránsito

Vivimos en una cultura que ha convertido la muerte en un tabú. La apartamos de las conversaciones, la disfrazamos con eufemismos y la relegamos a los márgenes de nuestra existencia cotidiana. Sin embargo, las tradiciones espirituales más antiguas del mundo coinciden en algo fundamental: aprender a morir es, quizás, el aprendizaje más importante de toda una vida. La muerte consciente no es un concepto sombrío; es una invitación a vivir con mayor profundidad, presencia y autenticidad.

¿Qué significa morir conscientemente?

La muerte consciente —conocida en algunas tradiciones como maranam en el budismo tibetano o ars moriendi en la espiritualidad medieval cristiana— hace referencia a la capacidad de aproximarse al final de la vida con plena awareness, sin negación y sin resistencia ciega. No se trata de resignarse, sino de abrazar el tránsito como parte inseparable del viaje del alma.

Quienes han trabajado este proceso —tanto personas que han superado enfermedades terminales como aquellas que han vivido experiencias cercanas a la muerte— describen un denominador común: cuando el miedo cede, aparece algo que solo puede describirse como paz. Una paz que no se conquista huyendo de la muerte, sino caminando hacia ella con los ojos abiertos.

El miedo a la muerte como maestro espiritual

El miedo a la muerte es, en su raíz, miedo a lo desconocido. Y curiosamente, es uno de los miedos más honestos que existen. No miente: la muerte llegará. Por eso, en lugar de combatirlo, la espiritualidad nos propone algo más valiente: sentarlo a nuestro lado y escuchar qué tiene que decirnos.

¿Qué revela ese miedo sobre lo que valoramos? ¿Qué conversaciones hemos postergado, qué amor hemos callado, qué versión de nosotros mismos hemos aplazado? El miedo a la muerte, bien observado, actúa como un espejo que nos muestra con claridad dónde no estamos viviendo plenamente. En este sentido, prepararse para morir es, paradójicamente, un acto profundamente vitalista.

Prácticas espirituales para cultivar la muerte consciente

Distintas tradiciones ofrecen herramientas concretas para este trabajo interior. Aquí recogemos algunas de las más accesibles:

Meditación sobre la impermanencia. El budismo propone contemplar diariamente que todo cambia y que nada es permanente, incluyendo el cuerpo. Esta práctica no genera tristeza, sino una apreciación más honda de cada instante. Sentarse en silencio y observar la respiración —ese pequeño ciclo de vida y muerte que ocurre miles de veces al día— es ya una forma de entrenamiento.

Revisión de vida consciente. Inspirada en las tradiciones chamánicas y en la psicología transpersonal, consiste en revisar nuestra historia con compasión y gratitud. No para juzgar, sino para cerrar ciclos, agradecer experiencias y soltar resentimientos. Muchos acompañantes espirituales recomiendan este ejercicio no solo al final de la vida, sino como práctica periódica a lo largo de ella.

Contemplación de la muerte como umbral. En lugar de visualizar la muerte como un muro, numerosas tradiciones —desde el esoterismo occidental hasta el hinduismo— la describen como una puerta. Imaginar qué hay al otro lado, sin pretender tener certezas absolutas, puede transformar la angustia en curiosidad. Y la curiosidad es siempre más ligera que el terror.

El perdón radical. Morir en paz requiere haber soltado. El trabajo del perdón —hacia los demás y, especialmente, hacia uno mismo— es quizás el más difícil y el más liberador. No se trata de justificar el daño recibido, sino de dejar de cargar con su peso.

Acompañar y dejarse acompañar

La muerte consciente no es un camino que deba recorrerse en soledad. Las tradiciones más sabias siempre han concebido el tránsito como un proceso comunitario: había quien velaba, quien rezaba, quien sostenía la mano. Hoy, ese acompañamiento puede tomar múltiples formas: círculos de muerte y duelo, retiros de contemplación, o el trabajo con un profesional especializado en el duelo y la espiritualidad.

Si sientes que estas preguntas resuenan en ti —ya sea porque atraviesas una enfermedad, has perdido a alguien querido o simplemente sientes el llamado a vivir con mayor conciencia— el acompañamiento psicológico y espiritual puede ser un espacio invaluable de integración. En TerapiaDirecta encontrarás profesionales preparados para acompañarte en estos procesos profundos, con respeto, sensibilidad y rigor.

Vivir como si la muerte importara

Al final, prepararse espiritualmente para la muerte no es un ejercicio macabro ni reservado para los últimos días. Es una práctica de toda la vida. Cuando integramos la consciencia de nuestra finitud, algo cambia: las prioridades se reordenan, las relaciones se vuelven más honestas, los momentos ordinarios adquieren un brillo que antes no sabíamos ver.

Quizás la muerte consciente sea, en última instancia, la práctica espiritual más humana de todas. Porque nadie puede hacerla por nosotros, y porque en ese tránsito inevitable se condensa todo lo que hemos sido, todo lo que hemos amado y todo lo que, tal vez, somos más allá del cuerpo.


Lecturas recomendadas


¿Sientes que necesitas acompañamiento para trabajar estos temas en profundidad? En TerapiaDirecta puedes encontrar el apoyo profesional que necesitas para transitar estos procesos con mayor consciencia y serenidad.

 

 

Entre Almas: el blog de TerapiaDirecta

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Por qué es importante ‘sentir’ que vamos a morir y no sólo ‘saber’ que vamos a morir

LA CONCIENCIA DE LA MUERTE COMO CAMINO HACIA UNA VIDA ESPIRITUAL LLENA DE SIGNIFICADO

En esta pequeña entrevista en un centro comercial, el psiquiatra Claudio Naranjo nos introduce a lo trascendental en lo cotidiano. Naranjo señala claramente que la muerte, pensar sobre la muerte es el principio de una vida reflexiva que accede al significado y posiblemente a la espiritualidad; es de hecho la forma universal, a la que todos tenemos acceso, para acercarnos a la espiritualidad. 

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=n71IAdZsKzk&w=560&h=315]

El primer y más básico acto de conciencia que distingue al ser humano es notar que «vamos a morir y todas las personas que conocemos van a morir». Esto parece muy sencillo pero es sumamente significativo, y si no nos lo parece es porque realmente no lo hemos asimilado. «Lo sabemos sólo intelectualmente, no emocionalmente», dice Naranjo. La clave, entones, yace en sentir la muerte, por más horror y contrasentido que esto nos parezca. 

Explica Naranjo:

Si sintiéramos que nos vamos a morir seríamos mejores personas, no seríamos tan narcisistas, si sintiéramos que nos vamos a morir aprovecharíamos mejor el tiempo… nos dedicaríamos más a buscar aquello que no es mera supervivencia y comodidad o dinero… o estatus…  las cosas más profundas de la vida las buscaríamos más si supiéramos que la vida es un recurso escaso, que lo es.  

El terapeuta y médico chileno dice que  el hecho de no sentir la muerte «es un paradigma de la represión, de la inconciencia» en la que estamos sumidos. «Mientras menos esté una persona en sintonía con sus potencialidades y con su destino, mientras menos esté viviendo para el bien de su alma y de los demás, más traumática la conciencia de la muerte». Cotejemos la meditación sobre la muerte con nuestra vida común y corriente viviendo para entretenernos o pasar el rato indolentemente: «pensar en la muerte nos libera de la fantasía, de las cosas triviales, de los chismes», nos hace trascender el entretenimiento banal, «nos permite llegar a nosotros mismos, atravesar una antesala de horror al vacío».

Naranjo menciona que Gurdjieff, «el Sócrates ruso» (o armenio), decía que «se nos ha implantado un órgano especial para adormecer en nosotros la conciencia de la muerte… de la misma forma que nosotros alimentamos corderos o cerdos para engordarlos y comérnoslos, así la naturaleza también nos engorda». De hecho la conciencia de la muerte  y de este esquema de una vida sin sentido, que es una marcha al matadero sin conciencia de lo que ocurre, constituye un rasgo definitivo de un grado superior de humanidad espiritual. «En las tradiciones espirituales, la conciencia empieza por la conciencia de la muerte o que todo es transitorio, evanescente, impermanente». Así se conecta Gurdjieff con el Buda (quien enseñó anicca, la impermanencia de todas las cosas) y Sócrates, quien dijo que la filosofía es esencialmente un entrenamiento para la muerte, esto es, llevar una vida filosófica para que la muerte sea un acto de conciencia en el que el alma sea capaz de recordar y recobrar su propia naturaleza divina. 

Por último Naranjo habla sobre Heidegger, el filósofo alemán para quien «El ser es ser hacia la muerte», y quien nos enseña que «si queremos despertar y ser auténticos debemos conectarnos con esa realidad». La meditación sobre el ser es una meditación sobre la muerte, la inescapable frontera que da sentido a nuestra vida y hacia la cual debemos dirigir nuestra conciencia, como un río a un mar.

Fuente: pijamasurf.com

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​¿Cómo prepararse para la muerte?

terapiadirecta.cat

“Si ustedes estuviesen enfermos con solo unos meses de vida, ¿querrían saberlo?”, fue la pregunta que en medio de un asado nos planteó un amigo doctor y que abrió una gran discusión frente al tema.

Su razón era el que él se había tenido que enfrentar a la no grata tarea de informar a los pacientes la condición en que estaban y sentía algo de incomodidad aun con el tema, después de todo, la muerte es algo de lo que poco hablamos en la sociedad occidental de hoy.

La respuesta de la mayoría fue que nos gustaría que nos informaran, para así poder usar el tiempo en ordenar los asuntos pendientes y aprovechar lo que nos quedara de vida antes de partir, una respuesta que según el resto de los doctores en el grupo era algo bastante común y algo que la mayoría de los enfermos realmente terminaba haciendo.

La muerte es algo que todos, sin excepción en algún momento enfrentaremos.

Es casi seguro que si hiciéramos una encuesta, más del 95 por ciento de las personas dirían que no quieren morir, al menos no ahora, algo a lo que incluso adherirían los más religiosos que creen en una vida eterna. Sin embargo la muerte es algo que todos, sin excepción en algún momento enfrentaremos.

Destino inevitable

Entonces me parece extraño que casi no lo hablemos, y que prácticamente no hagamos nada para prepararnos ante este inevitable destino de nuestra existencia física, porque más allá de nuestra creencia en una vida eterna, reencarnaciones, karma o algún tipo de proceso en el que nuestra esencia siga viva, nuestra existencia como seres humanos nos lleva a aferrarnos incansablemente a la vida.

Buscamos de todas formas evitar a la muerte.

Sin embargo, un artículo sobre un reciente estudio de la Universidad de Missouri en una rama de la psicología que busca conocer cómo reaccionan y se adaptan las personas ante el miedo a la mortalidad, encontró que pensar y tener en el subconsciente la idea de la muerte, es beneficio para el comportamiento social de las personas y saludable en la toma de decisiones para entregar prioridades a nuestros actos día a día, en contraste con lo que los primeros estudios no integrativos decían años atrás.

Así como podríamos decir que como seres humanos estamos programados para aferrarnos a la vida, también lo estamos para ayudarnos, ser sociales y compartir, mal que mal, así es como hemos llegado a vivir en familias y sociedades.

Para mí esto hace mucho sentido, pero la pregunta que me viene a la cabeza entonces es por qué esperar hasta saber que tenemos los días contados. ¿Por qué solo buscar poner en orden nuestras prioridades cuando sabemos el límite de nuestra existencia física y nuestra consciencia actual? ¿Por qué no comenzar a darle prioridad a las cosas que realmente sentimos que son importantes ahora?

Comprendo el miedo a siquiera pensar que podemos dejar este mundo, y todo lo que eso podría conllevar para nuestros seres queridos, pero lo que yo he logrado comprender es que la muerte es un camino propio, único y personal. Un viaje que debemos aprender a enfrentar solos con nuestro interior y nuestras creencias.

Fuente: guioteca.com

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Por qué es importante «sentir» que vamos a morir y no sólo «saber» que vamos a morir

La conciencia de la muerte como camino hacia una vida espiritual llena de significado.

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En esta pequeña entrevista en un centro comercial, el psiquiatra Claudio Naranjo nos introduce a lo trascendental en lo cotidiano. Naranjo señala claramente que la muerte, pensar sobre la muerte es el principio de una vida reflexiva que accede al significado y posiblemente a la espiritualidad; es de hecho la forma universal, a la que todos tenemos acceso, para acercarnos a la espiritualidad.

El primer y más básico acto de conciencia que distingue al ser humano es notar que «vamos a morir y todas las personas que conocemos van a morir». Esto parece muy sencillo pero es sumamente significativo, y si no nos lo parece es porque realmente no lo hemos asimilado. «Lo sabemos sólo intelectualmente, no emocionalmente», dice Naranjo. La clave, entones, yace en sentir la muerte, por más horror y contrasentido que esto nos parezca.

Explica Naranjo:

Si sintiéramos que nos vamos a morir seríamos mejores personas, no seríamos tan narcisistas, si sintiéramos que nos vamos a morir aprovecharíamos mejor el tiempo… nos dedicaríamos más a buscar aquello que no es mera supervivencia y comodidad o dinero… o estatus…  las cosas más profundas de la vida las buscaríamos más si supiéramos que la vida es un recurso escaso, que lo es.

El terapeuta y médico chileno dice que  el hecho de no sentir la muerte «es un paradigma de la represión, de la inconciencia» en la que estamos sumidos. «Mientras menos esté una persona en sintonía con sus potencialidades y con su destino, mientras menos esté viviendo para el bien de su alma y de los demás, más traumática la conciencia de la muerte». Cotejemos la meditación sobre la muerte con nuestra vida común y corriente viviendo para entretenernos o pasar el rato indolentemente: «pensar en la muerte nos libera de la fantasía, de las cosas triviales, de los chismes», nos hace trascender el entretenimiento banal, «nos permite llegar a nosotros mismos, atravesar una antesala de horror al vacío».

Naranjo menciona que Gurdjieff, «el Sócrates ruso» (o armenio), decía que «se nos ha implantado un órgano especial para adormecer en nosotros la conciencia de la muerte… de la misma forma que nosotros alimentamos corderos o cerdos para engordarlos y comérnoslos, así la naturaleza también nos engorda». De hecho la conciencia de la muerte  y de este esquema de una vida sin sentido, que es una marcha al matadero sin conciencia de lo que ocurre, constituye un rasgo definitivo de un grado superior de humanidad espiritual. «En las tradiciones espirituales, la conciencia empieza por la conciencia de la muerte o que todo es transitorio, evanescente, impermanente». Así se conecta Gurdjieff con el Buda (quien enseñó anicca, la impermanencia de todas las cosas) y Sócrates, quien dijo que la filosofía es esencialmente un entrenamiento para la muerte, esto es, llevar una vida filosófica para que la muerte sea un acto de conciencia en el que el alma sea capaz de recordar y recobrar su propia naturaleza divina.

Por último Naranjo habla sobre Heidegger, el filósofo alemán para quien «El ser es ser hacia la muerte», y quien nos enseña que «si queremos despertar y ser auténticos debemos conectarnos con esa realidad». La meditación sobre el ser es una meditación sobre la muerte, la inescapable frontera que da sentido a nuestra vida y hacia la cual debemos dirigir nuestra conciencia, como un río a un mar.

Escucha El espíritu original de la filosofía: una meditación sobre la muerte:

https://api.soundcloud.com/tracks/213437559

Fuente: pijamasurf.com

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La muerte desde la perspectiva de uno de los grandes alquimistas

Un vistazo a la obra del alquimista Thomas Vaughan y a la visión alquímica de la muerte, o la unión consciente a la luz eterna
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Thomas Vaughan fue uno de los más importantes alquimistas británicos de toda la historia. Hermano gemelo del reconocido poeta místico Henry Vaughan, la obra de Thomas, quien escribió también bajo el nombre de Eugenius Philalethes, es admirada por su claridad y su extenso conocimiento de la filosofía natural de su tiempo. Su trabajo puede considerarse continuación de Tritemo, Paracelso y Agrippa, entre otros alquimistas. En su importante Antroposophia Theomagica, Vaughan da una visión de lo que es la muerte desde la perspectiva alquímica:

La muerte es un ‘receso de la vida hacia el ocultamiento’ –no un aniquilamiento de alguna partícula en específico sino una retirada de las naturalezas ocultas hacia el mismo estado en el que estaban antes de manifestarse. En este receso los diferentes ingredientes del hombre regresan a aquellos diferentes elementos de los cuales provienen antes de acceder a un compuesto. Puesto que pensar que Dios crea la menor cosa ex nihilo en el trabajo de generación es pura fantasía metafísica. Así las partes terrestres –como sabemos por experiencia– regresan a la tierra, las celestiales a un limbo celestial superior, y el espíritu a Dios, quien lo dio. No debe sorprenderles que afirme que el espíritu del Dios viviente está en el hombre, cuando Dios mismo lo reconoce como suyo.

Vaughan luego agrega, escribiendo bajo su pseudónimo de Eugenius Philalethes, «amante de las piedras», que «aquellos que han bebido el agua de los filósofos» no temen a la muerte porque reconocen «que lo que sea que exista en la naturaleza es digno de ser abrazado». El conocimiento de la realidad espiritual los libera del temor que surge sólo de la ignorancia. Esto los coloca en un selecto grupo en el que se encuentran Enoch, Elías, Esdras, Zoroastro, San Pablo y otros que caminan «en la luz supernatural». «Para unirse a nuestra asamblea es necesario que percibas esta Luz», advierte.

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Thomas Vaughan practicaba alquimia con su esposa Rebecca, quien murió de una misteriosa enfermedad antes de que lograra un importante avance en su práctica. Esto es inusual  y, entre otras cosas, es una de las razones por las cuales Peter Levenda considera que existen notables paralelos entre el trabajo alquímico de Vaughan y el tantra. En esto Levenda sigue la insinuación que hace el poeta Kenneth Rexroth en su introducción a las obras de Thomas Vaughan, donde sugiere que Vaughan es uno de los únicos alquimistas que realmente reveló el secreto (el cual tiene que ver con «experimentos del sistema nervioso autónomo»), y en donde se especula que Vaughan y su esposa pudieron haber realizado prácticas sexuales y/o yóguicas, las cuales los acabaron llevando a la muerte.

Vaughan, como los practicantes de los vehículos tántricos budistas y del dzogchén, buscaba hacer un cuerpo de luz, unirse a la divinidad en vida y en conciencia. Y en esto existen diversos paralelos entre las prácticas soteriológicas budistas (en las que el practicante une su mente con la luz) y el llamado cuerpo de la resurrección del cristianismo, paralelos que ha notado el padre Francisco V. Tiso en su libro Rainbow Body and Resurrection. La alquimia existió en Oriente y en Occidente; y, si bien en Oriente existió y existe de alguna manera todavía una alquimia material que prepara medicinas y transforma metales, el tantra es ciertamente una forma de alquimia y de alguna manera la alquimia hermética-cristiana es también una forma de tantra. Vaughan tal vez sea una de las pistas que revelan que los alquimistas de la tradición occidental también trabajaban con la energía luminosa para transformar su mente-cuerpo y unirse con la divinidad de manera consciente.

He escrito sólo lo que la deidad ha verificado ante mis ojos en particular y que puede justificarse ante el mundo en general. He conocido su luz secreta: su lámpara es mi instructor.

(Thomas Vaughan)

Twitter del autor: @alepholo
Fuente: pijamasurf.com

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Las personas que se van de nuestra vida físicamente

Las personas que se van de nuestra vida físicamente, nos acompañan de muchas maneras

terapiaidrecta.cat

Es menester de la humanidad enfrentar y lidiar con las pérdidas, nada es eterno, más que la vida misma en su esencia, por lo tanto nos corresponde ir y venir infinidades de veces, progresar, aprender, amar y estudiar en la vida y en sus maravillas. Lo mismo ocurre con cada ser de este planeta, las personas que amamos se marchan físicamente, dejan de estar, no podemos verlos ni escucharlos…o quizás si…podemos si elevamos nuestros sentidos, llegar a percibir su hermosa compañía.

El fallecimiento del cuerpo humano es idéntico a lo que sucede cuando una mariposa emerge de su capullo. Elisabeth Kübler-Ross

Muchas veces ocurren cosas que jamás logramos entender, o al menos a corto plazo, sucesos que podemos ver como fenoménicos o lo que se llama hoy día paranormal, sin embargo, si abrimos nuestra mente y dejamos nuestros temores y prejuicios a un lado, nos daremos cuenta que nada es anti natural, que existe una conexión eterna con aquellas personas que amamos y que de alguna manera siempre sentimos que nos acompañan, que nos intuyen, que nos inspiran y hasta muchas veces nos influencian de tal manera que es como si recibiéramos el consejo directo, de la misma manera que nos lo darían estando vivos.

Las personas que forman parte de nuestra vida siempre permanecen en ella, porque el espíritu es libre de estar donde ama, más allá de las distancias, de las fronteras o de los pensamientos, siempre vuelve al sitio donde amó y fue amado, no en sufrimiento, no es represión o atadura, sino en lo más sutil y sublime del amor universal y en la plena armonía que une a cada ser humano.

Existe gente esperando por ti que fallecieron antes que tú, quienes te quieren y aprecian bastante. Elisabeth Kübler-Ross

No importa que creencia, credo, religión o práctica compartimos en la vida, todos alguna vez hemos presentido ese más allá que nos embarga, esa sensación de que no todo termina allí y ese sentimiento de acompañamiento, en los peores y mejores momentos de nuestra vida, esa persona llega a nuestra mente, ese recuerdo claro o difuso, esas palabras que nos quedaron grabadas en el alma, esa sensación, ese olor, esas maneras que acompañaban a esa persona. De alguna manera sentimos que está con nosotros y que puede guiarnos…

¿Y por qué no?…sería injusto pensar que una vez que nos marchamos de este plano, abandonamos y dejamos atrás todo aquello que amamos y a quienes nos amaron, por el contrario, el vínculo que se forja en este terrón, se mantiene eternamente, las afinidades, las conexiones, las relaciones virtuosas o no, siempre formarán parte de nuestra alma, cada persona, para bien o para mal, se hace parte de nosotros, de allí la imperiosa necesidad de amar  e ir desplazando cada vez más de nuestra vida, el resentimiento, los odios, los prejuicios y las acciones que afectan a los demás.

La experiencia de morir es casi idéntica a la experiencia del nacimiento. Es el nacer a una forma diferente de existencia la cual puede ser probada de forma muy simple. Por miles de años te hicieron creer en las cosas del más allá. Pero para mí, ya no se trata de creer sino de saber. Elisabeth Kübler-Ross

Cada pensamiento de nuestra vida tiene una consecuencia, más aún cada acción, lo mismo ocurre con los pensamientos de todos en el mundo, que se van conectando y atrayendo en su misma frecuencia. Lo mismo ocurre con quienes ya no están y atraemos con nuestro pensamiento, con una sonrisa o con una lágrima.

Abre tus percepciones y alerta tus sentidos, deslastrate de los temores y percibe la compañía de los seres que amaste y te amaron y que influencian tu vida día a día, siempre estarán, acompañándote de muchas maneras, de allí, el vínculo eterno del amor verdadero.

El Rincón del Tibet

Fuente: paradigmaterrestre.com

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Taller: Supera el Miedo a la Muerte

Taller: Supera el Miedo a la Muerte

Supera las emociones que limitan tu conexión espiritual

 

Taller sobre "La muerte" en TerapiaDirecta

¿De qué trata este taller?

La muerte es, quizás, el tema que más incomodidad genera en nuestra sociedad. Desde pequeños aprendemos a no hablar de ella, a evitarla, a temerla. Sin embargo, ese silencio colectivo no la aleja de nosotros; al contrario, la convierte en una sombra que acompaña nuestra vida entera, limitando nuestra capacidad de vivirla plenamente y de conectar con nuestra dimensión más profunda y espiritual.

Este taller nace de la convicción de que comprender la muerte —no como un final, sino como una transición— es uno de los actos más liberadores que un ser humano puede hacer. Cuando dejamos de temerla, dejamos de temerle también a la vida. El miedo a morir es, en el fondo, miedo a vivir con toda nuestra presencia y autenticidad.

A lo largo de este encuentro exploraremos juntos qué sucede realmente cuando el alma abandona el cuerpo físico, por qué algunos espíritus permanecen anclados en este plano y cómo podemos ayudarles, y cómo se siente la vibración de las distintas dimensiones de existencia. Todo ello en un espacio seguro, respetuoso y abierto al diálogo.

¿Por qué hablar de la muerte nos hace bien?

Durante siglos, culturas de todo el mundo han tenido rituales, ceremonias y enseñanzas alrededor de la muerte. El Libro Tibetano de los Muertos, las tradiciones mexicanas del Día de los Muertos, los misterios eleusinos de la Grecia antigua… todas estas tradiciones compartían algo en común: trataban la muerte no como el enemigo, sino como una maestra.

La psicología moderna también ha llegado a conclusiones similares. Estudios sobre experiencias cercanas a la muerte y sobre el trabajo con personas en proceso de duelo muestran, de forma consistente, que quienes integran la muerte como parte natural de la existencia viven con mayor paz interior, mayor sentido del propósito y relaciones más auténticas.

Hablar de la muerte, en definitiva, es hablar de lo que somos más allá del cuerpo. Es preguntarnos quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Son las preguntas más antiguas de la humanidad, y este taller es una invitación a explorarlas sin miedo, con curiosidad y con el corazón abierto.

¿Qué trabajaremos en el taller?

El taller está estructurado en varios bloques temáticos que se complementan entre sí, combinando la comprensión intelectual con la experiencia directa y sensorial:

1. El viaje del alma tras la muerte del cuerpo

Exploraremos con detalle los diferentes pasos que realiza el alma desde el momento en que abandona el cuerpo físico. ¿Qué siente? ¿Qué percibe? ¿Hacia dónde se dirige? A través de diversas tradiciones espirituales y de testimonios documentados de experiencias cercanas a la muerte, construiremos un mapa comprensible y tranquilizador de este proceso. El objetivo no es imponer una verdad única, sino ampliar nuestra perspectiva y disolver el miedo que genera lo desconocido.

2. Espíritus atrapados: causas y caminos de liberación

Uno de los fenómenos más fascinantes del mundo espiritual es el de los espíritus que, por distintas razones, no logran completar su transición y permanecen vinculados al plano físico. Esto puede deberse a una muerte repentina o traumática, a lazos emocionales muy intensos con personas o lugares, o simplemente a la falta de comprensión sobre lo que están viviendo. En este bloque aprenderemos a identificar estas situaciones y exploraremos herramientas compasivas para acompañar a estos seres en su proceso de liberación y avance hacia planos superiores.

3. Experiencia sensorial de los planos y dimensiones

Este bloque es quizás el más singular del taller: no solo hablaremos sobre los diferentes planos de existencia, sino que tendremos la oportunidad de sentirlos en primera persona. A través de prácticas guiadas de meditación y expansión de conciencia, los participantes podrán percibir de manera directa cómo varía la vibración energética entre los distintos niveles de realidad. Esta experiencia vivencial transforma la comprensión intelectual en conocimiento verdadero, arraigado en la propia experiencia.

4. Comunicación con el más allá

En un espacio de profundo respeto y apertura, dedicaremos un tiempo a escuchar los mensajes que los seres del más allá deseen transmitir. Esta parte del taller no busca espectáculo ni sensacionalismo; al contrario, se desarrolla desde la serenidad y la intención sincera de tender puentes entre dimensiones. Para muchos participantes, este momento representa una experiencia de sanación y reconciliación, especialmente si existe algún duelo no resuelto o una despedida pendiente.

5. Espacio de preguntas y cierre

Reservaremos tiempo al final del taller para que cada participante pueda expresar sus dudas, compartir su experiencia o profundizar en cualquiera de los temas tratados. Este espacio es tan importante como el resto del taller: integrar lo vivido, ponerle palabras y compartirlo en grupo es parte esencial del proceso de transformación.

¿A quién va dirigido?

Este taller está pensado para cualquier persona que sienta curiosidad por estos temas, independientemente de su nivel de experiencia espiritual o sus creencias previas. No se requieren conocimientos específicos. Solo es necesaria una actitud abierta y el deseo genuino de explorar.

Es especialmente recomendable para quienes estén atravesando un proceso de duelo, para quienes sientan que el miedo a la muerte les limita de alguna forma en su vida cotidiana, y para todos aquellos que quieran profundizar en su comprensión del ser humano más allá de lo puramente físico.

¿Qué te llevas al salir?

Al terminar el taller, los participantes habrán adquirido una visión más amplia y tranquilizadora sobre la muerte y los procesos que la rodean. Pero más allá del conocimiento, la experiencia directa que propone este taller tiene el potencial de generar un cambio profundo: una mayor paz interior, una relación más fluida con el duelo y la pérdida, y una conexión más auténtica con la propia dimensión espiritual.

Cuando dejamos de huir de la muerte, algo se libera en nosotros. Una energía que hasta entonces gastábamos en el miedo queda disponible para vivir con más presencia, más amor y más plenitud.

 

«La muerte no es nada. Solo he pasado a la habitación de al lado.»

Henry Scott Holland

 

 

TerapiaDirecta Cornellá
terapiadirecta.cat

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Los abuelos nunca mueren – se vuelven invisibles

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Los abuelos nunca mueren, se vuelven invisibles y duermen para siempre en lo más hondo de nuestro corazón. Aún hoy, los echamos en falta y daríamos lo que fuera por volver a escuchar sus historias, por sentir sus caricias y esas miradas llenas de infinita ternura.

Sabemos que es ley de vida, mientras los abuelos tienen el privilegio de vernos nacer y crecer, nosotros hemos de ser testigos de cómo envejecen y dicen adiós a este mundo. Su pérdida, es casi siempre la primera despedida a la que hemos tenido que enfrentarnos en nuestra infancia.

Los abuelos que son partícipes en la crianza de sus nietos dejan huellas en su alma, legados que los acompañarán de por vida como semillas de amor imperecedero para esos días en que se vuelvan invisibles.

Hoy en día es muy común ver a los abuelos y a las abuelas involucrados en las tareas de crianza con sus nietos. Son una red apoyo inestimable en las familias actuales. No obstante, su papel no es el mismo que el de un padre o una madre, y eso es algo que los niños intuyen desde bien temprano.

El vínculo de los abuelos y los nietos se crea desde una complicidad mucho más íntima y profunda, por ello, su pérdida puede ser en muchos casos algo muy delicado en la mente de un niño o un adolescente. Te invitamos a reflexionar sobre este tema con nosotros.

abuelo paseando junto a sus nietos con un perro

El adiós a los abuelos: la primera experiencia con la pérdida

Muchas personas tienen el privilegio de tener a su lado a alguno de sus abuelos habiendo llegado a la edad adulta. Otros, en cambio, tuvieron que afrontar su muerte en la primera infancia, en esa edad en que aún no se entiende la pérdida en todo su realismo, y donde los adultos, en ocasiones, la explican mal. Como intentando dulcificar la muerte o hacer como “si no doliera”.

La mayoría de psicopedagogos nos lo dicen bien claro: a un niño se le debe decir siempre la verdad. Es necesario adaptar el mensaje a su edad, de eso no hay duda, pero un error que suelen cometer muchos papás es en evitar, por ejemplo. una última despedida entre el niño y el abuelo en el hospital o en hacer uso de metáforas como “el abuelo está en una estrella o la abuela está durmiendo en el cielo”.

  • A los niños se les debe explicar la muerte de manera sencilla y sin metáforas para que no se hagan ideas equivocadas. Si le decimos que el abuelo se ha ido, lo más probable es que el niño pregunte cuándo va a volver.
  • Si explicamos al pequeño la muerte desde una visión religiosa determinada, es necesario incidir en el hecho de que “no va a regresar”. Un niño pequeño solo puede absorber cantidades limitadas de información; así que las explicaciones deben ser lo más breves pero sencillas posibles.

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Es importante tener en cuenta también que la muerte no es un tabú y que las lágrimas de los adultos no tienen por qué quedar ocultas ante la mirada infantil. Todos sufrimos la pérdida de un ser querido y es necesario hablar de ella y desahogarla. Los niños lo harán a su tiempo y en su momento, por ello, hemos de ser adecuados facilitadores de ese proceso.

Los niños nos harán muchas preguntas que necesitan de las mejores y más pacientes respuestas. La pérdida de los abuelos en la infancia o en la adolescencia siempre es complejo, así que es necesario atravesar ese duelo en familia siendo muy intuitivos ante cualquier necesidad de nuestros hijos.

Aunque no estén, siguen muy presentes

Los abuelos, aunque no estén,siguen muy presentes en nuestras vidas, en esos escenarios comunes que compartimos con nuestra familia e incluso en ese legado oral que ofrecemos a las nuevas generaciones. A los nuevos nietos o biznietos que no pudieron conocer al abuelo o a la abuela.

Los abuelos sostuvieron nuestras manos durante un tiempo, mientras nos enseñaban a andar, pero luego, lo que sostuvieron para siempre fueron nuestros corazones, ahí donde dormirán eternamente ofreciéndonos su luz, su recuerdo.

Sus presencias habitan aún en esas fotografías amarillentas que se guardan en marcos y no en la memoria de un móvil. El abuelo está en ese árbol que plantó con sus manos, en ese vestido que nos cosió la abuela y que aún conservamos.

Están en los olores de esos pasteles que habitan en nuestra memoria emocional. Su recuerdo está también en cada uno de los consejos que nos dieron, en las historias que nos contaron, en el modo en que nos hacemos los nudos de los zapatos e incluso en ese hoyuelo en el mentón que hemos heredado de ellos.

el legado de mi abuelo, un vínculo eterno

Los abuelos no mueren, porque se inscriben en nuestras emociones de un modo más delicado y profundo que la simple genética. Nos enseñaron a ir un poco más despacio y a su ritmo, a saborear una tarde en el campo, a descubrir que los buenos libros tienen un olor especial ya que existe un lenguaje que va mucho más allá de las palabras.

Es el lenguaje de un abrazo, de una caricia, de una sonrisa cómplice y de un paseo a media tarde compartiendo silencios mientras vemos el atardecer. Todo ello perdurará para siempre, y es ahí donde acontece la auténtica eternidad de las personas.

En el legado afectuoso de quienes nos aman de verdad y que nos honran al recordarnos cada día.

 

Fuente: https://lamenteesmaravillosa.com
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El duelo que no tiene nombre

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Hay duelos que te marcan y te dejan sin palabras. Hay otras pérdidas para las que realmente no existen palabras. Puedes ser huérfano o viuda, pero cuando se te muere un hijo te das cuenta de que nada de lo que digas podrá reflejar lo que sientes, convirtiéndose en el duelo que no tiene nombre.

Un duelo que te hiere por dentro, porque has perdido una parte de ti, una parte sobre la que construiste tu vida. Y, por tanto, tu vida ha perdido parte de su sentido, ya que sólo hay culpa y reproches, porque tú tenías que haberte ido antes, tenías que haber sido lo suficientemente bueno para que no se cayera.

Aunque estos sentimientos son normales porque sentir el malestar es lo adecuado, lo que te dices y que te hace sentirte culpable, no es más que producto de una serie de autorreproches que te marcan por seguir viviendo cuando se supone que son los hijos los que sobreviven a los padres.

“No te compadezcas de la muerte, Harry. Compadécete de la vida, sobre todo, de los que viven sin amor.”
-J. K. Rowling-

No fue culpa tuya

La voz interna de nuestra conciencia es especialmente intensa en los momentos de duelo. Este Pepito Grillo que generalmente nos ayuda a distinguir lo correcto de lo incorrecto, puede llevarnos en algunos casos al tormento por recordarnos un pasado que pudo haber sido y no fue. Nos lleva a culparnos por un pasado que generalmente estaba fuera de nuestro control.

Mujer triste sintiendo culpa

Nos llena de autorreproches del tipo: “Si hubiera despertado antes”, “Y si estaba enfermo y no lo vi”, “Si hubiera actuado diferente”…. Pero lo cierto es que lo más probable es que nada de lo que pudieras cambiar en el pasado modificaría el resultado. La muerte llega, no solemos saber cuándo y es algo irracional intentar buscar su sentido.

A veces, diferenciar entre la culpa y la responsabilidad es muy difícil. Si se instala en el duelo lo enquista impidiéndote superarlo y avanzar. Así la culpa no responde a la lógica, invalidándote por completo. Porque no entiendes lo ocurrido y no puedes aceptarlo sin sentirte culpable por ello.

Y, aunque la comprensión en el duelo es el primer paso para su aceptación, en ocasiones esta comprensión no tiene que llevar a entender todos los “porqués” de su pérdida, porque en muchas ocasiones no hay un por qué, simplemente ocurre.

“…las personas a las que amamos no se van jamás del todo: basta con que no las olvidemos.”
-J. K. Rowling-

Tratar la culpa en el duelo

La culpa es una de las emociones que más dificultan el proceso de duelo. Pero hay una serie de indicaciones que puedes seguir que te ayudarán a superarlo:

  • Habla sobre el duelo: habla con familiares y amigos de confianza. Que su pérdida no se convierta en un tema tabú. Aceptar lo ocurrido es importante y conocer los diferentes puntos de vista ayuda a superar el sentimiento de culpa.
  • Acepta tus sentimientos: es normal que el duelo lleve aparejado un sinfín de emociones, desde la tristeza al agotamiento. Acéptalas todas, vívelas, pero no te instales en ellas.

ojo llorando

  • No dejes de lado tu vida: cuando estamos en proceso de duelo solemos sentirnos tan mal que, sin darnos cuenta, dejamos de lado nuestras rutinas. Esto favorece a que tengamos más tiempo para buscar razones del porqué de su pérdida. No dejes de cuidarte y de cuidar a los tuyos, que también te necesitan.
  • Rememora la vida del ser amado que has perdido: tu hijo no sólo se define por el momento en el que lo has perdido. Recuerda todo el amor que tuvo contigo y los momentos felices que vivisteis juntos. Es el mejor homenaje que puedes hacerle.
  • Pide ayuda profesional si lo necesitas: aunque pienses que mucha gente ha pasado por la misma situación no todos somos iguales y el pedir ayuda puede ayudarte a superar las emociones que actualmente te superan.
Fuente: https://lamenteesmaravillosa.com/