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Mucha gente sale llorando de una sesión de médium. Y no es por tristeza.

Mucha gente sale llorando de una sesión de médium. Y no es por tristeza.

Es por alivio. Eso es lo que cuentan, al menos. Y aunque desde la psicología podemos debatir mucho sobre qué ocurre realmente en esas sesiones, lo que no se puede ignorar es el efecto que tienen en algunas personas que están atravesando un duelo.

No vamos a hablar aquí de si los médiums son reales o no. Eso es una conversación para otro día. Lo que sí tiene sentido explorar es qué pasa emocionalmente durante una de estas sesiones, y por qué para algunas personas supone un antes y un después en su proceso de duelo.

Qué ocurre durante una sesión

Mucha gente sale llorando de una sesión de médium. Y no es por tristeza.

Una sesión con un médium suele durar entre 45 minutos y una hora. La persona que acude lleva, normalmente, una pérdida reciente o no tan reciente que no ha logrado cerrar. Puede ser la muerte de un padre, una pareja, un hijo. Alguien con quien siente que se quedaron cosas sin decir.

El médium hace de intermediario, supuestamente, entre esa persona y quien ya no está. Transmite mensajes, describe recuerdos, menciona detalles concretos. Y ahí es donde ocurre algo interesante desde el punto de vista emocional.

Cuando alguien escucha algo que reconoce como propio, algo que solo «esa persona podría saber», se activa algo muy específico: la sensación de presencia. Y esa sensación, real o no en términos metafísicos, tiene un efecto psicológico muy concreto. Baja la guardia. Permite que salga lo que estaba bloqueado.

En ese momento, muchas personas lloran por primera vez desde la pérdida. O dicen en voz alta cosas que nunca pudieron decirle al fallecido. Y eso, independientemente de lo que uno crea, tiene un valor real.

Lo que la psicología dice sobre este tipo de experiencias

Hay un concepto que se llama «conversación continuada». Es la tendencia natural que tienen las personas a seguir manteniendo un vínculo simbólico con quien ha muerto. Hablarle a su foto, escribirle cartas, sentir que está presente en ciertos momentos.

Esto no es patológico. Es parte del duelo sano, de hecho. El problema aparece cuando esa conversación se interrumpe bruscamente, cuando no hubo despedida, cuando quedaron conflictos sin resolver.

El duelo no cierra porque la pérdida sea menos real. Cierra cuando la persona siente que ha podido decir lo que necesitaba decir.

Una sesión de médium, para quien cree en ella o simplemente está dispuesto a abrirse, puede funcionar como ese espacio. No porque el médium tenga poderes especiales, sino porque el contexto ritual, la intención, y el permiso emocional que se da uno mismo crean las condiciones para soltar.

¿Significa eso que los médiums hacen el trabajo de un psicólogo? No. Son cosas distintas. Pero tampoco se les puede quitar el efecto que tienen en personas concretas en momentos muy concretos.

Cuándo ayuda y cuándo no es suficiente

Hay personas que salen de una sesión sintiéndose más livianas. Con algo que antes no tenían: la sensación de que la persona que perdieron está «bien», de que no hay nada pendiente. Para ellas, esa sesión fue exactamente lo que necesitaban.

Pero también hay personas que salen más confusas, o incluso más angustiadas. Que no encontraron lo que buscaban. O que encontraron algo que removió emociones que no saben cómo gestionar solas.

Esos casos sí necesitan acompañamiento terapéutico. No como alternativa a lo que han vivido, sino como complemento. Para procesar lo que salió a la superficie.

  • Si el duelo lleva más de un año sin moverse, la terapia puede ayudar a desatascarlo.
  • Si hay culpa, rabia sin procesar o una despedida que no pudo ocurrir, trabajarlo con un profesional marca la diferencia.
  • Si la sesión de médium abrió algo pero no lo cerró, hay que ir más despacio y con apoyo.

Cada duelo es diferente. Y cada persona necesita herramientas distintas para atravesarlo. Lo que importa no es el método, sino si estás pudiendo avanzar.

Si sientes que tu duelo lleva demasiado tiempo estancado, o que hay cosas que no sabes cómo soltar, en terapiadirecta.cat puedes hablar con alguien que te escuche sin juzgar lo que has hecho o dejado de hacer para intentar sanar. A veces solo hace falta un espacio donde todo eso tenga cabida.

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¿Y si algunos niños vienen sabiendo que se van pronto?

¿Y si algunos niños vienen sabiendo que se van pronto?

Es una pregunta que incomoda. Lo entiendo. Pero hay ciertas ideas que, una vez que las escuchas, no puedes dejar de considerar con honestidad.

La muerte de un niño es, para muchos, la prueba más demoledora de que el universo no tiene ningún sentido. O de que, si lo tiene, ese sentido es cruel. No hay palabras que alcancen a tocar ese dolor. Y no voy a pretender que las hay.

Pero existe otra forma de mirar esto. No para negar el dolor. Sino para acompañarlo desde un lugar diferente.

Lo que algunas tradiciones llevan siglos diciendo

¿Y si algunos niños vienen sabiendo que se van pronto?

En muchas tradiciones espirituales —el budismo tibetano, la filosofía del Vedanta, algunas corrientes del espiritismo moderno— existe la idea de que el alma elige su encarnación antes de nacer. Elige el cuerpo, la familia, las circunstancias. Y también, en cierta medida, el tiempo que va a estar.

No como una condena. Sino como un acuerdo. Lo que algunos llaman el contrato del alma.

La idea es esta: hay almas que no necesitan una vida larga para cumplir lo que vinieron a hacer. Su paso breve puede activar en otros un despertar que décadas de vida ordinaria no habrían logrado. Eso no justifica el sufrimiento. Pero sí lo enmarca de otra manera.

Robert Schwartz, autor que ha investigado extensamente este tema, describe casos donde personas en regresión a vidas pasadas o en estados alterados reconocen haber acordado sus experiencias más difíciles antes de nacer. Incluyendo la muerte temprana de seres queridos. O la propia.

El dolor de los que se quedan

Aquí es donde esta perspectiva puede sentirse más incómoda. Porque si el niño eligió irse, ¿qué dice eso del dolor de sus padres?

Dice, desde este enfoque, que ellos también eligieron. Que acordaron vivir esa pérdida porque algo en ese tránsito tiene que ver con su propio camino. Con lo que vinieron a aprender o a soltar.

Sé que esto puede sonar frío escrito así. No lo es cuando se vive desde adentro. Muchas personas que han perdido un hijo y que años después han transitado algún proceso de acompañamiento espiritual describen algo parecido a esto:

  • Una sensación de que la presencia de su hijo no desapareció, solo cambió de forma.
  • Mensajes o señales que no saben cómo explicar racionalmente.
  • Una comprensión, llegada con el tiempo, de que ese ser les cambió de maneras que ningún otro lo habría hecho.

No digo que eso quite el dolor. Digo que el dolor y el significado pueden coexistir.

Lo que no deberíamos hacer con esta idea

Hay un riesgo real en el concepto del contrato del alma: usarlo para cerrar el duelo demasiado pronto. Para decirle a alguien que llora: «es que así tenía que ser». Eso no es espiritualidad. Es escapismo con vocabulario espiritual.

El duelo necesita tiempo. Necesita espacio para el enfado, para el no entender, para el esto no debería haber pasado. Saltarse esa etapa en nombre de una comprensión superior no ayuda. Bloquea.

La perspectiva del alma aporta algo cuando llega en el momento adecuado. Cuando la persona ya ha llorado, ya ha rabiado, ya ha atravesado la parte más oscura. Entonces, a veces, esta mirada no borra el dolor sino que le da un contorno diferente.

No vine a sufrir sin razón. Vine a amar de una manera que me iba a costar todo.

Eso no lo puede decir nadie desde fuera. Solo emerge desde dentro, cuando el proceso está maduro.

Y ahí es donde el acompañamiento importa. No para explicar, sino para sostener mientras la propia comprensión emerge.

Si estás en un momento así, o acompañas a alguien que lo está, en terapiadirecta.cat encontrarás profesionales que trabajan desde un enfoque que integra tanto el plano emocional como el espiritual. Sin prisa. Sin respuestas prefabricadas.

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¿Hay algo que nunca llegaste a decirle antes de que se fuera?

¿Hay algo que nunca llegaste a decirle antes de que se fuera?

Esa pregunta se queda dando vueltas. A veces durante años. Y no es que no hayas llorado, ni que no hayas pasado por el proceso. Es que hay algo que se quedó a medias. Una conversación que no ocurrió. Un perdón que no llegó. O simplemente que no pudiste despedirte como necesitabas.

Eso tiene nombre: duelo no resuelto. Y es más frecuente de lo que parece.

Cuándo el duelo se queda atascado

¿Hay algo que nunca llegaste a decirle antes de que se fuera?

No todos los duelos siguen el mismo camino. Hay pérdidas que se procesan con el tiempo, con apoyo, con espacio. Y hay otras que se enquistan. Que siguen ahí, meses o años después, como una herida que no acaba de cerrar.

Algunos signos de que algo sigue sin resolverse:

  • Evitas hablar de esa persona o, al contrario, no puedes dejar de hacerlo.
  • Sientes culpa persistente, aunque racionalmente sepas que no es tu responsabilidad.
  • Tienes sueños recurrentes en los que esa persona aparece.
  • Hay un momento concreto, una escena, que no consigues dejar ir.
  • Sigues esperando poder hacer algo que ya es imposible.

Cuando esto ocurre, el problema no siempre es la tristeza en sí. Es que la mente busca un cierre que no llegó. Y mientras no lo encuentre, sigue buscando.

Qué es la mediumnidad terapéutica y por qué funciona (aunque seas escéptico)

Aquí muchas personas se frenan. La palabra «mediumnidad» activa alertas. Se asocia a cosas que están bastante lejos de una consulta de psicología. Es normal.

Pero la mediumnidad terapéutica no es lo que mucha gente imagina. No se trata de contactar con el más allá ni de rituales. Es una técnica que se usa dentro de un marco psicoterapéutico para facilitar conversaciones simbólicas con la persona que ya no está.

El objetivo no es convencerte de nada. Es darte el espacio para decir lo que no dijiste, para escuchar lo que necesitas escuchar, y para soltar lo que llevas cargando sin que nadie te haya dado permiso de soltarlo.

Se trabaja con representaciones, con imaginación guiada, con técnicas como la silla vacía, que viene de la terapia Gestalt. No requiere ninguna creencia previa. Solo disposición a entrar en el proceso.

¿Y funciona? Muchas personas que han pasado por esto describen algo que antes no podían nombrar: una sensación de que algo se movió. No de forma espectacular. Simplemente, algo que estaba cerrado se abrió un poco, y eso fue suficiente.

Lo que suele pasar en consulta

Cada proceso es distinto, pero hay patrones que se repiten.

Muchas personas llegan sin saber muy bien qué necesitan decir. Solo saben que hay algo. En sesión, el trabajo es ir a buscar eso con calma. Sin prisas, sin forzar nada. A veces aparece una frase muy sencilla que lo cambia todo. A veces es un llanto que llevaba años sin salir. A veces es rabia.

Lo importante es que no tienes que haber tenido una relación perfecta con esa persona para trabajar esto. De hecho, muchos de los duelos más complicados son precisamente los que involucran relaciones ambivalentes. Los que mezclan el amor con el daño. Los que mezclan el alivio con la culpa.

Esos son los que más se atascan. Y también los que más se mueven cuando hay un espacio seguro para trabajarlos.

Una cosa que vale la pena mencionar: esto no significa que vayas a «olvidar» a esa persona, ni que el proceso de duelo desaparezca. El objetivo no es borrar. Es integrar. Que la pérdida pase a ser parte de ti de una manera que no te paralice.

Hay una diferencia enorme entre recordar con dolor sostenido y recordar con algo más parecido a la paz. No es que deje de doler para siempre. Es que deja de impedirte vivir.


Si reconoces algo de lo que has leído aquí, puede tener sentido hablar con alguien. No hace falta que tengas todo claro antes de llamar. Muchas veces la primera consulta es simplemente para contar lo que hay y ver qué se puede hacer.

En TerapiaDirecta trabajamos con duelo y con este tipo de procesos de cierre. Puedes reservar una primera consulta desde terapiadirecta.cat cuando quieras, sin compromiso.

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Una sesión médium terapéutica no es lo que probablemente imaginas

Una sesión médium terapéutica no es lo que probablemente imaginas

La mayoría de personas que llegan a consultar sobre esto llevan meses —o años— cargando con un duelo que no termina de cerrarse. Y no vienen buscando magia. Vienen buscando algo que no han encontrado en ningún otro sitio: la sensación de que hay un punto final, o al menos, un punto de respiro.

La sesión médium terapéutica es una práctica que combina elementos de mediumnidad con acompañamiento emocional. No es una consulta de adivinos. No es entretenimiento. Y tampoco es una promesa de hablar con los muertos como en las películas. Es, sobre todo, un espacio donde el duelo puede moverse de otra manera.

Qué pasa realmente en una sesión así

Una sesión médium terapéutica tiene una estructura. No es improvisada. Empieza, como cualquier proceso terapéutico, con una conversación: quién eras tú con esa persona, cómo fue la pérdida, qué es lo que todavía duele más.

Después viene la parte que más cuesta explicar con palabras. El terapeuta médium trabaja como puente, conectando con la presencia o la información que rodea a la persona que ya no está. Lo que llega no siempre son mensajes literales. A veces es una imagen, una sensación, un detalle que solo tiene sentido para quien lo recibe.

Lo que sí es constante es esto: la persona que está en consulta sale con algo diferente a lo que trajo. No siempre es alivio inmediato. A veces es confusión que se asienta. A veces es llorar algo que llevaban retenido meses.

El duelo no se resuelve añadiendo certezas. Se resuelve cuando el interior deja de pelearse con lo que ocurrió.

Para quién tiene sentido planteárselo

No todo el mundo está en el momento adecuado para este tipo de sesión. Y eso es importante decirlo sin rodeos.

Tiene más sentido cuando:

  • El duelo lleva mucho tiempo estancado y la terapia convencional no ha conseguido moverlo.
  • Hay una despedida que no pudo hacerse, por la circunstancia de la muerte o por la distancia.
  • La persona siente que tiene cosas sin decir, cosas sin resolver, o simplemente necesita sentir que hubo algún tipo de continuidad.
  • Existe apertura a explorar esta posibilidad, aunque haya dudas. Las dudas no son un problema.

No tiene sentido si la persona está en una crisis aguda, si acaba de pasar la pérdida hace muy poco, o si lo que busca es una confirmación de algo concreto que le digan. Eso no es lo que ocurre aquí, y decirlo forma parte de ser honesto.

La parte terapéutica, que a veces se olvida mencionar

La palabra «médium» lleva todo el peso cuando se habla de este tipo de sesiones. Pero hay otra parte que es igual de relevante: el trabajo terapéutico que la acompaña.

Una buena sesión médium terapéutica no termina cuando termina el contacto. Hay una integración. Un espacio para poner palabras a lo que acaba de ocurrir, para entender qué significa para ti, para ti específicamente, en tu proceso.

¿Qué pasa si no llega nada? Esa es la pregunta que mucha gente tiene pero no se atreve a hacer. Pasa que el espacio en sí mismo, el hecho de sentarse con la intención de hacer ese contacto, ya mueve algo. No siempre de la manera esperada. Pero casi siempre mueve algo.

Y esa es la diferencia entre una sesión médium acompañada de terapia y una sesión médium a secas. El acompañamiento terapéutico convierte la experiencia en algo que puedes integrar, no solo en algo que viviste.

En TerapiaDirecta trabajamos con personas que están en distintos momentos del duelo. Algunos llevan semanas, otros llevan años. Algunos saben exactamente qué quieren explorar, otros vienen con mucha incertidumbre y eso también está bien.

Si sientes que esta podría ser una opción para ti, lo más concreto que puedes hacer ahora es reservar una primera consulta en terapiadirecta.cat. Sin compromiso de continuar. Solo para ver si encaja con lo que necesitas en este momento.

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La muerte consciente: cómo prepararse espiritualmente para el tránsito

La muerte consciente: cómo prepararse espiritualmente para el tránsito

Vivimos en una cultura que ha convertido la muerte en un tabú. La apartamos de las conversaciones, la disfrazamos con eufemismos y la relegamos a los márgenes de nuestra existencia cotidiana. Sin embargo, las tradiciones espirituales más antiguas del mundo coinciden en algo fundamental: aprender a morir es, quizás, el aprendizaje más importante de toda una vida. La muerte consciente no es un concepto sombrío; es una invitación a vivir con mayor profundidad, presencia y autenticidad.

¿Qué significa morir conscientemente?

La muerte consciente —conocida en algunas tradiciones como maranam en el budismo tibetano o ars moriendi en la espiritualidad medieval cristiana— hace referencia a la capacidad de aproximarse al final de la vida con plena awareness, sin negación y sin resistencia ciega. No se trata de resignarse, sino de abrazar el tránsito como parte inseparable del viaje del alma.

Quienes han trabajado este proceso —tanto personas que han superado enfermedades terminales como aquellas que han vivido experiencias cercanas a la muerte— describen un denominador común: cuando el miedo cede, aparece algo que solo puede describirse como paz. Una paz que no se conquista huyendo de la muerte, sino caminando hacia ella con los ojos abiertos.

El miedo a la muerte como maestro espiritual

El miedo a la muerte es, en su raíz, miedo a lo desconocido. Y curiosamente, es uno de los miedos más honestos que existen. No miente: la muerte llegará. Por eso, en lugar de combatirlo, la espiritualidad nos propone algo más valiente: sentarlo a nuestro lado y escuchar qué tiene que decirnos.

¿Qué revela ese miedo sobre lo que valoramos? ¿Qué conversaciones hemos postergado, qué amor hemos callado, qué versión de nosotros mismos hemos aplazado? El miedo a la muerte, bien observado, actúa como un espejo que nos muestra con claridad dónde no estamos viviendo plenamente. En este sentido, prepararse para morir es, paradójicamente, un acto profundamente vitalista.

Prácticas espirituales para cultivar la muerte consciente

Distintas tradiciones ofrecen herramientas concretas para este trabajo interior. Aquí recogemos algunas de las más accesibles:

Meditación sobre la impermanencia. El budismo propone contemplar diariamente que todo cambia y que nada es permanente, incluyendo el cuerpo. Esta práctica no genera tristeza, sino una apreciación más honda de cada instante. Sentarse en silencio y observar la respiración —ese pequeño ciclo de vida y muerte que ocurre miles de veces al día— es ya una forma de entrenamiento.

Revisión de vida consciente. Inspirada en las tradiciones chamánicas y en la psicología transpersonal, consiste en revisar nuestra historia con compasión y gratitud. No para juzgar, sino para cerrar ciclos, agradecer experiencias y soltar resentimientos. Muchos acompañantes espirituales recomiendan este ejercicio no solo al final de la vida, sino como práctica periódica a lo largo de ella.

Contemplación de la muerte como umbral. En lugar de visualizar la muerte como un muro, numerosas tradiciones —desde el esoterismo occidental hasta el hinduismo— la describen como una puerta. Imaginar qué hay al otro lado, sin pretender tener certezas absolutas, puede transformar la angustia en curiosidad. Y la curiosidad es siempre más ligera que el terror.

El perdón radical. Morir en paz requiere haber soltado. El trabajo del perdón —hacia los demás y, especialmente, hacia uno mismo— es quizás el más difícil y el más liberador. No se trata de justificar el daño recibido, sino de dejar de cargar con su peso.

Acompañar y dejarse acompañar

La muerte consciente no es un camino que deba recorrerse en soledad. Las tradiciones más sabias siempre han concebido el tránsito como un proceso comunitario: había quien velaba, quien rezaba, quien sostenía la mano. Hoy, ese acompañamiento puede tomar múltiples formas: círculos de muerte y duelo, retiros de contemplación, o el trabajo con un profesional especializado en el duelo y la espiritualidad.

Si sientes que estas preguntas resuenan en ti —ya sea porque atraviesas una enfermedad, has perdido a alguien querido o simplemente sientes el llamado a vivir con mayor conciencia— el acompañamiento psicológico y espiritual puede ser un espacio invaluable de integración. En TerapiaDirecta encontrarás profesionales preparados para acompañarte en estos procesos profundos, con respeto, sensibilidad y rigor.

Vivir como si la muerte importara

Al final, prepararse espiritualmente para la muerte no es un ejercicio macabro ni reservado para los últimos días. Es una práctica de toda la vida. Cuando integramos la consciencia de nuestra finitud, algo cambia: las prioridades se reordenan, las relaciones se vuelven más honestas, los momentos ordinarios adquieren un brillo que antes no sabíamos ver.

Quizás la muerte consciente sea, en última instancia, la práctica espiritual más humana de todas. Porque nadie puede hacerla por nosotros, y porque en ese tránsito inevitable se condensa todo lo que hemos sido, todo lo que hemos amado y todo lo que, tal vez, somos más allá del cuerpo.


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¿Sientes que necesitas acompañamiento para trabajar estos temas en profundidad? En TerapiaDirecta puedes encontrar el apoyo profesional que necesitas para transitar estos procesos con mayor consciencia y serenidad.

 

 

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Por qué es importante ‘sentir’ que vamos a morir y no sólo ‘saber’ que vamos a morir

LA CONCIENCIA DE LA MUERTE COMO CAMINO HACIA UNA VIDA ESPIRITUAL LLENA DE SIGNIFICADO

En esta pequeña entrevista en un centro comercial, el psiquiatra Claudio Naranjo nos introduce a lo trascendental en lo cotidiano. Naranjo señala claramente que la muerte, pensar sobre la muerte es el principio de una vida reflexiva que accede al significado y posiblemente a la espiritualidad; es de hecho la forma universal, a la que todos tenemos acceso, para acercarnos a la espiritualidad. 

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=n71IAdZsKzk&w=560&h=315]

El primer y más básico acto de conciencia que distingue al ser humano es notar que «vamos a morir y todas las personas que conocemos van a morir». Esto parece muy sencillo pero es sumamente significativo, y si no nos lo parece es porque realmente no lo hemos asimilado. «Lo sabemos sólo intelectualmente, no emocionalmente», dice Naranjo. La clave, entones, yace en sentir la muerte, por más horror y contrasentido que esto nos parezca. 

Explica Naranjo:

Si sintiéramos que nos vamos a morir seríamos mejores personas, no seríamos tan narcisistas, si sintiéramos que nos vamos a morir aprovecharíamos mejor el tiempo… nos dedicaríamos más a buscar aquello que no es mera supervivencia y comodidad o dinero… o estatus…  las cosas más profundas de la vida las buscaríamos más si supiéramos que la vida es un recurso escaso, que lo es.  

El terapeuta y médico chileno dice que  el hecho de no sentir la muerte «es un paradigma de la represión, de la inconciencia» en la que estamos sumidos. «Mientras menos esté una persona en sintonía con sus potencialidades y con su destino, mientras menos esté viviendo para el bien de su alma y de los demás, más traumática la conciencia de la muerte». Cotejemos la meditación sobre la muerte con nuestra vida común y corriente viviendo para entretenernos o pasar el rato indolentemente: «pensar en la muerte nos libera de la fantasía, de las cosas triviales, de los chismes», nos hace trascender el entretenimiento banal, «nos permite llegar a nosotros mismos, atravesar una antesala de horror al vacío».

Naranjo menciona que Gurdjieff, «el Sócrates ruso» (o armenio), decía que «se nos ha implantado un órgano especial para adormecer en nosotros la conciencia de la muerte… de la misma forma que nosotros alimentamos corderos o cerdos para engordarlos y comérnoslos, así la naturaleza también nos engorda». De hecho la conciencia de la muerte  y de este esquema de una vida sin sentido, que es una marcha al matadero sin conciencia de lo que ocurre, constituye un rasgo definitivo de un grado superior de humanidad espiritual. «En las tradiciones espirituales, la conciencia empieza por la conciencia de la muerte o que todo es transitorio, evanescente, impermanente». Así se conecta Gurdjieff con el Buda (quien enseñó anicca, la impermanencia de todas las cosas) y Sócrates, quien dijo que la filosofía es esencialmente un entrenamiento para la muerte, esto es, llevar una vida filosófica para que la muerte sea un acto de conciencia en el que el alma sea capaz de recordar y recobrar su propia naturaleza divina. 

Por último Naranjo habla sobre Heidegger, el filósofo alemán para quien «El ser es ser hacia la muerte», y quien nos enseña que «si queremos despertar y ser auténticos debemos conectarnos con esa realidad». La meditación sobre el ser es una meditación sobre la muerte, la inescapable frontera que da sentido a nuestra vida y hacia la cual debemos dirigir nuestra conciencia, como un río a un mar.

Fuente: pijamasurf.com

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​¿Cómo prepararse para la muerte?

terapiadirecta.cat

“Si ustedes estuviesen enfermos con solo unos meses de vida, ¿querrían saberlo?”, fue la pregunta que en medio de un asado nos planteó un amigo doctor y que abrió una gran discusión frente al tema.

Su razón era el que él se había tenido que enfrentar a la no grata tarea de informar a los pacientes la condición en que estaban y sentía algo de incomodidad aun con el tema, después de todo, la muerte es algo de lo que poco hablamos en la sociedad occidental de hoy.

La respuesta de la mayoría fue que nos gustaría que nos informaran, para así poder usar el tiempo en ordenar los asuntos pendientes y aprovechar lo que nos quedara de vida antes de partir, una respuesta que según el resto de los doctores en el grupo era algo bastante común y algo que la mayoría de los enfermos realmente terminaba haciendo.

La muerte es algo que todos, sin excepción en algún momento enfrentaremos.

Es casi seguro que si hiciéramos una encuesta, más del 95 por ciento de las personas dirían que no quieren morir, al menos no ahora, algo a lo que incluso adherirían los más religiosos que creen en una vida eterna. Sin embargo la muerte es algo que todos, sin excepción en algún momento enfrentaremos.

Destino inevitable

Entonces me parece extraño que casi no lo hablemos, y que prácticamente no hagamos nada para prepararnos ante este inevitable destino de nuestra existencia física, porque más allá de nuestra creencia en una vida eterna, reencarnaciones, karma o algún tipo de proceso en el que nuestra esencia siga viva, nuestra existencia como seres humanos nos lleva a aferrarnos incansablemente a la vida.

Buscamos de todas formas evitar a la muerte.

Sin embargo, un artículo sobre un reciente estudio de la Universidad de Missouri en una rama de la psicología que busca conocer cómo reaccionan y se adaptan las personas ante el miedo a la mortalidad, encontró que pensar y tener en el subconsciente la idea de la muerte, es beneficio para el comportamiento social de las personas y saludable en la toma de decisiones para entregar prioridades a nuestros actos día a día, en contraste con lo que los primeros estudios no integrativos decían años atrás.

Así como podríamos decir que como seres humanos estamos programados para aferrarnos a la vida, también lo estamos para ayudarnos, ser sociales y compartir, mal que mal, así es como hemos llegado a vivir en familias y sociedades.

Para mí esto hace mucho sentido, pero la pregunta que me viene a la cabeza entonces es por qué esperar hasta saber que tenemos los días contados. ¿Por qué solo buscar poner en orden nuestras prioridades cuando sabemos el límite de nuestra existencia física y nuestra consciencia actual? ¿Por qué no comenzar a darle prioridad a las cosas que realmente sentimos que son importantes ahora?

Comprendo el miedo a siquiera pensar que podemos dejar este mundo, y todo lo que eso podría conllevar para nuestros seres queridos, pero lo que yo he logrado comprender es que la muerte es un camino propio, único y personal. Un viaje que debemos aprender a enfrentar solos con nuestro interior y nuestras creencias.

Fuente: guioteca.com

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Por qué es importante «sentir» que vamos a morir y no sólo «saber» que vamos a morir

La conciencia de la muerte como camino hacia una vida espiritual llena de significado.

https://niblognibloga.files.wordpress.com/2014/02/camino-hacia-el-sol.jpg

En esta pequeña entrevista en un centro comercial, el psiquiatra Claudio Naranjo nos introduce a lo trascendental en lo cotidiano. Naranjo señala claramente que la muerte, pensar sobre la muerte es el principio de una vida reflexiva que accede al significado y posiblemente a la espiritualidad; es de hecho la forma universal, a la que todos tenemos acceso, para acercarnos a la espiritualidad.

El primer y más básico acto de conciencia que distingue al ser humano es notar que «vamos a morir y todas las personas que conocemos van a morir». Esto parece muy sencillo pero es sumamente significativo, y si no nos lo parece es porque realmente no lo hemos asimilado. «Lo sabemos sólo intelectualmente, no emocionalmente», dice Naranjo. La clave, entones, yace en sentir la muerte, por más horror y contrasentido que esto nos parezca.

Explica Naranjo:

Si sintiéramos que nos vamos a morir seríamos mejores personas, no seríamos tan narcisistas, si sintiéramos que nos vamos a morir aprovecharíamos mejor el tiempo… nos dedicaríamos más a buscar aquello que no es mera supervivencia y comodidad o dinero… o estatus…  las cosas más profundas de la vida las buscaríamos más si supiéramos que la vida es un recurso escaso, que lo es.

El terapeuta y médico chileno dice que  el hecho de no sentir la muerte «es un paradigma de la represión, de la inconciencia» en la que estamos sumidos. «Mientras menos esté una persona en sintonía con sus potencialidades y con su destino, mientras menos esté viviendo para el bien de su alma y de los demás, más traumática la conciencia de la muerte». Cotejemos la meditación sobre la muerte con nuestra vida común y corriente viviendo para entretenernos o pasar el rato indolentemente: «pensar en la muerte nos libera de la fantasía, de las cosas triviales, de los chismes», nos hace trascender el entretenimiento banal, «nos permite llegar a nosotros mismos, atravesar una antesala de horror al vacío».

Naranjo menciona que Gurdjieff, «el Sócrates ruso» (o armenio), decía que «se nos ha implantado un órgano especial para adormecer en nosotros la conciencia de la muerte… de la misma forma que nosotros alimentamos corderos o cerdos para engordarlos y comérnoslos, así la naturaleza también nos engorda». De hecho la conciencia de la muerte  y de este esquema de una vida sin sentido, que es una marcha al matadero sin conciencia de lo que ocurre, constituye un rasgo definitivo de un grado superior de humanidad espiritual. «En las tradiciones espirituales, la conciencia empieza por la conciencia de la muerte o que todo es transitorio, evanescente, impermanente». Así se conecta Gurdjieff con el Buda (quien enseñó anicca, la impermanencia de todas las cosas) y Sócrates, quien dijo que la filosofía es esencialmente un entrenamiento para la muerte, esto es, llevar una vida filosófica para que la muerte sea un acto de conciencia en el que el alma sea capaz de recordar y recobrar su propia naturaleza divina.

Por último Naranjo habla sobre Heidegger, el filósofo alemán para quien «El ser es ser hacia la muerte», y quien nos enseña que «si queremos despertar y ser auténticos debemos conectarnos con esa realidad». La meditación sobre el ser es una meditación sobre la muerte, la inescapable frontera que da sentido a nuestra vida y hacia la cual debemos dirigir nuestra conciencia, como un río a un mar.

Escucha El espíritu original de la filosofía: una meditación sobre la muerte:

https://api.soundcloud.com/tracks/213437559

Fuente: pijamasurf.com

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La muerte desde la perspectiva de uno de los grandes alquimistas

Un vistazo a la obra del alquimista Thomas Vaughan y a la visión alquímica de la muerte, o la unión consciente a la luz eterna
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Thomas Vaughan fue uno de los más importantes alquimistas británicos de toda la historia. Hermano gemelo del reconocido poeta místico Henry Vaughan, la obra de Thomas, quien escribió también bajo el nombre de Eugenius Philalethes, es admirada por su claridad y su extenso conocimiento de la filosofía natural de su tiempo. Su trabajo puede considerarse continuación de Tritemo, Paracelso y Agrippa, entre otros alquimistas. En su importante Antroposophia Theomagica, Vaughan da una visión de lo que es la muerte desde la perspectiva alquímica:

La muerte es un ‘receso de la vida hacia el ocultamiento’ –no un aniquilamiento de alguna partícula en específico sino una retirada de las naturalezas ocultas hacia el mismo estado en el que estaban antes de manifestarse. En este receso los diferentes ingredientes del hombre regresan a aquellos diferentes elementos de los cuales provienen antes de acceder a un compuesto. Puesto que pensar que Dios crea la menor cosa ex nihilo en el trabajo de generación es pura fantasía metafísica. Así las partes terrestres –como sabemos por experiencia– regresan a la tierra, las celestiales a un limbo celestial superior, y el espíritu a Dios, quien lo dio. No debe sorprenderles que afirme que el espíritu del Dios viviente está en el hombre, cuando Dios mismo lo reconoce como suyo.

Vaughan luego agrega, escribiendo bajo su pseudónimo de Eugenius Philalethes, «amante de las piedras», que «aquellos que han bebido el agua de los filósofos» no temen a la muerte porque reconocen «que lo que sea que exista en la naturaleza es digno de ser abrazado». El conocimiento de la realidad espiritual los libera del temor que surge sólo de la ignorancia. Esto los coloca en un selecto grupo en el que se encuentran Enoch, Elías, Esdras, Zoroastro, San Pablo y otros que caminan «en la luz supernatural». «Para unirse a nuestra asamblea es necesario que percibas esta Luz», advierte.

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Thomas Vaughan practicaba alquimia con su esposa Rebecca, quien murió de una misteriosa enfermedad antes de que lograra un importante avance en su práctica. Esto es inusual  y, entre otras cosas, es una de las razones por las cuales Peter Levenda considera que existen notables paralelos entre el trabajo alquímico de Vaughan y el tantra. En esto Levenda sigue la insinuación que hace el poeta Kenneth Rexroth en su introducción a las obras de Thomas Vaughan, donde sugiere que Vaughan es uno de los únicos alquimistas que realmente reveló el secreto (el cual tiene que ver con «experimentos del sistema nervioso autónomo»), y en donde se especula que Vaughan y su esposa pudieron haber realizado prácticas sexuales y/o yóguicas, las cuales los acabaron llevando a la muerte.

Vaughan, como los practicantes de los vehículos tántricos budistas y del dzogchén, buscaba hacer un cuerpo de luz, unirse a la divinidad en vida y en conciencia. Y en esto existen diversos paralelos entre las prácticas soteriológicas budistas (en las que el practicante une su mente con la luz) y el llamado cuerpo de la resurrección del cristianismo, paralelos que ha notado el padre Francisco V. Tiso en su libro Rainbow Body and Resurrection. La alquimia existió en Oriente y en Occidente; y, si bien en Oriente existió y existe de alguna manera todavía una alquimia material que prepara medicinas y transforma metales, el tantra es ciertamente una forma de alquimia y de alguna manera la alquimia hermética-cristiana es también una forma de tantra. Vaughan tal vez sea una de las pistas que revelan que los alquimistas de la tradición occidental también trabajaban con la energía luminosa para transformar su mente-cuerpo y unirse con la divinidad de manera consciente.

He escrito sólo lo que la deidad ha verificado ante mis ojos en particular y que puede justificarse ante el mundo en general. He conocido su luz secreta: su lámpara es mi instructor.

(Thomas Vaughan)

Twitter del autor: @alepholo
Fuente: pijamasurf.com

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Las personas que se van de nuestra vida físicamente

Las personas que se van de nuestra vida físicamente, nos acompañan de muchas maneras

terapiaidrecta.cat

Es menester de la humanidad enfrentar y lidiar con las pérdidas, nada es eterno, más que la vida misma en su esencia, por lo tanto nos corresponde ir y venir infinidades de veces, progresar, aprender, amar y estudiar en la vida y en sus maravillas. Lo mismo ocurre con cada ser de este planeta, las personas que amamos se marchan físicamente, dejan de estar, no podemos verlos ni escucharlos…o quizás si…podemos si elevamos nuestros sentidos, llegar a percibir su hermosa compañía.

El fallecimiento del cuerpo humano es idéntico a lo que sucede cuando una mariposa emerge de su capullo. Elisabeth Kübler-Ross

Muchas veces ocurren cosas que jamás logramos entender, o al menos a corto plazo, sucesos que podemos ver como fenoménicos o lo que se llama hoy día paranormal, sin embargo, si abrimos nuestra mente y dejamos nuestros temores y prejuicios a un lado, nos daremos cuenta que nada es anti natural, que existe una conexión eterna con aquellas personas que amamos y que de alguna manera siempre sentimos que nos acompañan, que nos intuyen, que nos inspiran y hasta muchas veces nos influencian de tal manera que es como si recibiéramos el consejo directo, de la misma manera que nos lo darían estando vivos.

Las personas que forman parte de nuestra vida siempre permanecen en ella, porque el espíritu es libre de estar donde ama, más allá de las distancias, de las fronteras o de los pensamientos, siempre vuelve al sitio donde amó y fue amado, no en sufrimiento, no es represión o atadura, sino en lo más sutil y sublime del amor universal y en la plena armonía que une a cada ser humano.

Existe gente esperando por ti que fallecieron antes que tú, quienes te quieren y aprecian bastante. Elisabeth Kübler-Ross

No importa que creencia, credo, religión o práctica compartimos en la vida, todos alguna vez hemos presentido ese más allá que nos embarga, esa sensación de que no todo termina allí y ese sentimiento de acompañamiento, en los peores y mejores momentos de nuestra vida, esa persona llega a nuestra mente, ese recuerdo claro o difuso, esas palabras que nos quedaron grabadas en el alma, esa sensación, ese olor, esas maneras que acompañaban a esa persona. De alguna manera sentimos que está con nosotros y que puede guiarnos…

¿Y por qué no?…sería injusto pensar que una vez que nos marchamos de este plano, abandonamos y dejamos atrás todo aquello que amamos y a quienes nos amaron, por el contrario, el vínculo que se forja en este terrón, se mantiene eternamente, las afinidades, las conexiones, las relaciones virtuosas o no, siempre formarán parte de nuestra alma, cada persona, para bien o para mal, se hace parte de nosotros, de allí la imperiosa necesidad de amar  e ir desplazando cada vez más de nuestra vida, el resentimiento, los odios, los prejuicios y las acciones que afectan a los demás.

La experiencia de morir es casi idéntica a la experiencia del nacimiento. Es el nacer a una forma diferente de existencia la cual puede ser probada de forma muy simple. Por miles de años te hicieron creer en las cosas del más allá. Pero para mí, ya no se trata de creer sino de saber. Elisabeth Kübler-Ross

Cada pensamiento de nuestra vida tiene una consecuencia, más aún cada acción, lo mismo ocurre con los pensamientos de todos en el mundo, que se van conectando y atrayendo en su misma frecuencia. Lo mismo ocurre con quienes ya no están y atraemos con nuestro pensamiento, con una sonrisa o con una lágrima.

Abre tus percepciones y alerta tus sentidos, deslastrate de los temores y percibe la compañía de los seres que amaste y te amaron y que influencian tu vida día a día, siempre estarán, acompañándote de muchas maneras, de allí, el vínculo eterno del amor verdadero.

El Rincón del Tibet

Fuente: paradigmaterrestre.com

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