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¿Y si el mundo que ves ahora mismo no es el único al que puedes acceder?

¿Y si el mundo que ves ahora mismo no es el único al que puedes acceder?

¿Y si el mundo que ves ahora mismo no es el único al que puedes acceder?

No como metáfora. No como poesía New Age. Como práctica concreta que ciertos seres humanos han desarrollado durante miles de años, con técnicas precisas, con riesgos reales, con resultados que no siempre se pueden explicar desde fuera.

Eso es lo que hace un chamán. O más exactamente: eso es lo que es un chamán. Alguien que aprendió a moverse entre capas de realidad que el resto de nosotros ni siquiera percibimos.

Cuando empecé a investigar este tema, esperaba encontrar rituales exóticos y simbolismo tribal. Lo que encontré fue algo más incómodo: una consistencia extraña entre culturas que nunca se conocieron. Siberia, la Amazonia, el norte de Canadá, Mongolia. Todos describen lo mismo. Con palabras distintas, pero lo mismo.

El mapa de los tres mundos

¿Y si el mundo que ves ahora mismo no es el único al que puedes acceder?

La cosmología chamánica básica divide la existencia en tres planos. El mundo de arriba, el mundo de abajo y el mundo del medio —donde vivimos nosotros, donde transcurre lo ordinario.

El chamán no va al más allá cuando muere. Va en vida, deliberadamente, con un propósito. Regresa. Y trae información, o guía, o curación.

Lo que me resulta difícil de ignorar es que esta estructura de tres mundos no fue acordada en ningún congreso espiritual. Surgió de forma independiente en culturas separadas por océanos. Eso no prueba nada, claro. Pero hace que la pregunta sea más seria de lo que parece al principio.

El mundo de abajo no es el infierno cristiano. Es un lugar de raíces, de ancestros, de animales de poder. El mundo de arriba no es el paraíso. Es el reino de los maestros, de las enseñanzas, de lo que todavía no ha tomado forma física. Y el mundo del medio es este: el nuestro, con sus espíritus de lugar y sus energías adheridas a lo concreto.

Cómo se viaja (y por qué no es turismo)

¿Y si el mundo que ves ahora mismo no es el único al que puedes acceder?

El método más extendido es el tambor. Un ritmo sostenido, generalmente entre 4 y 7 Hz, que induce un estado alterado de conciencia sin sustancias. Algunos investigadores lo asocian con ondas theta cerebrales. Los chamanes dirían simplemente que es la frecuencia a la que se abre el portal.

Pero lo que me parece importante subrayar es esto: el chamán no viaja por curiosidad. Viaja con una pregunta concreta, para un propósito específico, en beneficio de alguien.

  • Recuperar partes del alma que se perdieron en un trauma.
  • Consultar a un ancestro sobre una decisión difícil.
  • Identificar la causa espiritual de una enfermedad.
  • Acompañar a un alma que no sabe que ha muerto.

Ese último punto me detuvo cuando lo leí por primera vez. La idea de que hay almas atrapadas en el mundo del medio, desorientadas, y que el chamán actúa como guía para llevarlas donde deben ir. Muchas tradiciones —no solo las chamánicas— sostienen algo similar. Y aunque no tengo forma de verificarlo, algo en esa imagen me parece más honesta que ignorar la pregunta por completo.

Lo que esto nos dice sobre la muerte

Si aceptamos aunque sea provisionalmente que el chamán accede a algo real —no que lo imagina, sino que accede—, entonces la muerte no es un fin. Es un cambio de frecuencia. Un desplazamiento hacia uno de esos otros planos que el chamán visita estando vivo.

Lo que muere, desde esta perspectiva, es la forma. No la conciencia.

No lo digo como consuelo barato. Lo digo como hipótesis que merece tomarse en serio, igual que otras. Porque si hay algo que el chamanismo aporta al debate sobre la vida después de la muerte, es precisamente esto: la posibilidad de que la conciencia sea más móvil de lo que creemos. Que los límites entre vivos y muertos sean más porosos. Que alguien, en algún momento, aprendió a cruzarlos.

Y que ese conocimiento no desapareció. Se transmitió.

«El chamán muere y regresa. Por eso sabe lo que otros no saben.» — Mircea Eliade

Eso no resuelve nada. Pero cambia las preguntas que uno se hace. Y a veces, cambiar la pregunta es lo único que se puede hacer.

Si estos temas te mueven por algo más que la curiosidad intelectual —si hay una pérdida, una búsqueda, algo sin resolver— en TerapiaDirecta trabajan con personas que necesitan acompañamiento real, no respuestas vacías.

Lecturas para seguir explorando

  • El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis — Mircea Eliade. El estudio de referencia. Denso, pero imprescindible si quieres entender la estructura común detrás de todas las tradiciones.
  • La senda del chamán — Michael Harner. Harner fue antropólogo antes de ser practicante. Su enfoque es más accesible y menos académico que Eliade, sin perder rigor.
  • Mundos del chamanismo — Roger Walsh. Una mirada desde la psicología transpersonal. Útil para quien quiere tender puentes entre la tradición y la comprensión contemporánea de la conciencia.

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